Melancolía

La voz apagándose exhala el decoro de la voluntad perdida,
la voz de las grandes citas, de los juegos en grupo,
la voz sin voz hace memoria de sus citas,
la de las risas que nadie oirá, la de las fiestas anómalas,
la voz de la amistad buscándose a sí misma,
la voz de la juventud exhumándose en el recuerdo,
la voz del placer sin motivo que no termina de callar,
la voz de un beso esquivo en la boca prohibida,
la voz de unos ojos ávidos enmudeciendo
en el fondo macilento de la solitaria pupila,
la voz de la alegría fondeada lejos de su puerto
como un barco más de todos los que zarpan
a perderse con los años en la vastedad de su perímetro.

Miro atrás y leo con dureza todas las respuestas
dando la vuelta al sentido de mi concurso en la vida,
la decadencia tira de mí como si fuera un féretro
en un desplazamiento que parece no llegar nunca a destino,
y siempre está el féretro vacío, y nunca bajo tierra.

El vago resplandor del tiempo dando jóvenes alas a cada victoria,
esos planes concebidos en la expectante ensoñación de un parto,
llorando a carcajadas, con la vida en brazos, con la vida en alto,
ahora son irónicas satisfacciones de la impostora memoria.

La voz apagándose no termina de callar,
y todo para no quedarme mudo ni sordo
mientras vuelvo triste a la felicidad.

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