Por qué a ti

Por qué tus fuerzas para obtener la fuerza
de tus brazos sin brazos, de tus manos sin dedos,
de tus piernas sin piernas, de tu lengua sin voz;
por qué a ti, esa forma extraña de estar
sin pies para pisar, sin dedos para asir
o tocar la piel de la piel que escondemos.

Te miro y encuentro que mi vida es caprichosa,
absurda hasta quedarme sin oído,
tosca hasta perder el tacto de sus extremos,
estancada hasta perderme en la carrera,
oscura hasta perder la vista en sus espejismos,
y a este punto llega la curiosidad que inspiras
cuando te veo torpe en este mundo tan urgente
de ilustres y afamados egos de pie sobre estructuras
de plástico, metal o caucho a la deriva,
y a este punto me pregunto: ¿por qué a ti?,
y de repente respondes: por todo,
y en ese todo no están mis brazos, ni mis piernas,
ni mis dedos revolviéndose entre lápices
libros, legajos o herramientas,
en ese todo no oigo, ni veo las formas,
en ese todo estoy yo, en una silla de ruedas,
ciego, sordo, insonoro, abyecto,
aferrado a mi propia e ignorada minusvalía,
siendo un hombre a pedazos,
con todo desperdiciado entre mis contrarios.

Por qué a ti: gracias a ti, por ti, contigo.
Por tu valor incalculable.

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