El extranjero

Soy el hombre aparte entre los hombres que recorre paseos recoletos
y huele con esfuerzo las magnolias; si pudiera ser como mis congéneres,
llenaría los carrillos de esta inmunda desazón y tragaría el humo,
entraría en un bar y con el ceño fruncido pediría un whisky doble,
tomaría el vaso entre mis manos, vería el licor agitarse en un mar diminuto,
vería el sol en sus adentros, sumergido con toda la carga diaria de expectativas,
vería perros entre las flores, pajarillos sobre el asfalto, el tiempo a la carrera,
niños y niñas jugando a ser hombres y mujeres de este mundo,
mochilas y pulóveres en las aceras marcando postes de falsas porterías,
vería ancianos sonriendo a bebés, mansas plantas en autárquicas jardineras,
vería los años irse sin espera, vería a timoratos rezando en las iglesias,
vería a ignorantes accionando con las manos en terrazas atestadas,
como diciendo algo, como si tuviera importancia en mi litoral de vidrio.

Si fuera como cualquier hombre vería ebrio a todos sobrios,
entretenidos con lisonjas que germinan en labrantíos de ironía.

Y si fuera lo que soy, ¿quién sería sino mi desilusión?,
el fatal sueño apresurándose desesperado a su escisión
en la mitad que se lleva la belleza inalcanzable,
en la mitad que cargo a cuestas como si fuera un cadáver.

Si fuera entero y no hecho como todos a ratos de ingratas complacencias,
no me importaría la pequeñez de una hormiga fuera de su hormiguero,
vería que todos frecuentamos alguna vez los mismos túneles de la existencia.

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