Magma

El mundo nos arrastra a su centro,
el mundo nos arrastra con todas sus armas,
al mundo no le gusta el aire,
al mundo le gusta los pies pateando el suelo
y viste el despeñadero de sonrojada piel,
de esponjosa densidad, de sexo,
al mundo le gusta seguir girando la montaña
y el agua de la ciénaga entre sus muslos de enebro,
el mundo nos hace palpitar con tierra temblorosa
rozando nuestra carne apilada en las costumbres,
y el temblor resquebraja la cómoda superficie
de la mansedumbre en profundas fallas;
cae la masa descompuesta en sus soledades
a la profundidad de la anoxia de ninguna parte,
el placer resiste y muestra su abotargada cara
mientras las raíces lo elevan a suelo firme,
entre las piernas, esperándole, como siempre,
el mundo no deja de girar y no descansa,
al mundo no le gusta el aire,
al mundo le gusta la gravedad del hombre
cayendo una y otra vez en la misma náusea.

Al mundo le gusta girar sus montañas.
El mundo es una trampa en la astuta belleza
o la cándida belleza en la pantanosa trampa.

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