Mes: diciembre 2017

Sin rostro

Cómo llegas a mí deslizando tu carga
sobre llagas de gorriones,
deshojando otra vez cada escuálida rama,
pertrechando el aire de acero
para luchar contra la luminosidad del alba.

Llegas arrimado al viento de tormentas
postergadas para otra feroz batalla
que tendrá lugar en todos los deseos
detenidos contra tus murallas,
cómo llegas a mí insidioso amuleto
de un nuevo año y otra nueva maraña.

No te conozco y ya te haces notar con rabia
en la mortal encrucijada que se cierne
sobre la pertinaz esfera de la insignificancia.

Tiempo que te llevas las flores,
tiempo que te llevas el agua
como si fueran apenas rumores
de una fugaz eternidad en la mirada.

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La refracción

¿Y si nada concebido existiera y todo fuera un invento
de la supervivencia de lo efímero en la efímera inteligencia?

Si tuviera que imaginar el pan en mis manos,
la luz descubriendo la penumbra de mis venas,
el brote de agua aplacando la sed del altozano,
la página del año moviéndonos en su tiovivo
de páginas con nuevos cálculos contra el desengaño,
rostros acercando sus máscaras de seres indivisos,
el cubierto limpio de amor en ominosos platos.

Si tuviera que imaginarlo todo, para qué este agravio
arrastrándome por decorados que aplastan mis costillas
y derrochan saliva por la boca repleta de espanto,
para qué soñar sin ser soñado en la página ya escrita
que nos convierte en títeres de papel en blanco.

Si nada de esto fuera más real que un gigante de tres cabezas
¿por qué siento su pisada retumbar el suelo de los daños
que conducen mis pasos al dolor inevitable y a su complacencia?