Sin rostro

Cómo llegas a mí deslizando tu carga
sobre llagas de gorriones,
deshojando otra vez cada escuálida rama,
pertrechando el aire de acero
para luchar contra la luminosidad del alba.

Llegas arrimado al viento de tormentas
postergadas para otra feroz batalla
que tendrá lugar en todos los deseos
detenidos contra tus murallas,
cómo llegas a mí insidioso amuleto
de un nuevo año y otra nueva maraña.

No te conozco y ya te haces notar con rabia
en la mortal encrucijada que se cierne
sobre la pertinaz esfera de la insignificancia.

Tiempo que te llevas las flores,
tiempo que te llevas el agua
como si fueran apenas rumores
de una fugaz eternidad en la mirada.

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