Año: 2018

El año que no pudimos ser

No me digas…, no me digas que el año ya ha pasado…
No me digas que es hora de mudanza en mi reloj,
que debo guardar en cajas el tiempo que murió
y no podré llorarlo porque el año cierra los velatorios,
que tronarán los cielos con lágrimas deportadas
a la repudiada patria de la más profunda noche,
y explotarán en estruendosos gritos de un sordo ser
más oscuro entre palmas, serpentinas e hilaridad,
más extraño, más histriónico y sin esperanza
fuera del mundo escondido en el útero del mundo
que yace bajo amenaza de aborto en el hospital,
y los pacientes harán saltar las flemas, correr la sangre
por suelos artificiales como si de un río se tratara
ya lejos de sus casas, ya fuera de su cauce.

No me digas…, no me digas que el año me lleva
como un proscrito más a sus mudas confesiones,
donde nadie las oye, salvo los que aprendimos
a morir en los brazos de una silenciosa madre:
a callar entre delirios de espontáneas curaciones.

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Black Friday

Quién pudiera reflejarse en el agua
y no volver a ser opaco,
quién pudiera refugiarse en la savia
y no volver a ser el hacha
del nuevo día en su nueva rabia.

Quién pudiera sentarse en la hierba
sin morir de pena
por todo el asfalto de su desamor,
quién pudiera ganar el aire
sin comprarlo tan escaso
y no vivir del oxígeno en botellas.

Quién pudiera ser, sin más.

La insidia

Te recorre, te persiste, te destroza,
crees dejarla atrás, repudiada, marginal,
y te das la vuelta apenas unos segundos
para comprobar que es un punto
estorbando la rasante del límite del mal
que no traspasarás desde esa distancia
tan prolongada, interminable entre ambas.

Sí, la insidia que te niega, por un lado,
y por el otro la insidia que te afirma,
ambas separadas por el compromiso
de seguir juntas apartándote.

Quien pensó en el bien y el mal,
no estaba en casa.
Llamaron al timbre y contestó la criada.

La madeja

Te preguntarás qué hago en estas líneas,
qué palabras podrían abarcarte
y llenar el vacío de esta melancolía,
te preguntarás al leer tal presunción
quién al otro lado dice amarte y calla
con la tapa de un féretro en su abertura,
quién abre y cierra con tanta saña
la esperanza de su hermosa ruina
ahora que el atardecer es su palabra,
la mañana y la desdicha en su victoria;
te preguntarás al imaginarme
en esos labios densos que me ignoran,
quién al otro lado te robaría aquel beso
que se llevará a la tumba mientras viva,
porque tú y yo no somos más que versos
derrochando a ambos lados sus crueldades
entre todos los espacios que nos separan.