Mes: enero 2018

Rotación

Mundo. Vocablo escapando de sus límites,
pronunciado con tanta ligereza como gravedad,
ese sonido necesario en el interior fijado
a los vertiginosos giros de una hélice,
el mundo se levanta y erguido bosteza
mientras su aliento se disipa con la resignación
de la avanzada tarde, y luego se retira,
deambula como un fantasma por las galerías,
existe como sospecha, como intuición
de algo que no deja de existir aun incomprensible.

El mundo se retuerce y dormita,
a veces tan ágil por temerario,
a veces tan cercano al alcance de unos labios,
a veces tan torpe por inabarcable,
parece de una inmensidad irrecuperable
y también un punto o una coma,
un matiz que trasciende el abrumador ocaso,
o una espiral que hace las preguntas
por las que nosotros también giramos.

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Naturaleza

No era mía la cascada que partió arrolladora
por el desigual lecho de mis contradicciones,
sus furibundas caídas me aplastaron
hasta someter el esqueleto a la pulpa
de atolondrados motivos y tempranos atardeceres;
no era mía la fuerza que te apartaba
junto al barro de mí en las pérfidas lindes
del imparable curso de los sueños,
no eran míos el dolor y los placeres,
no era mía la duda o la certeza, no eras mía.

No era mía esa fuente embravecida
de los errores que me llevaron derrotado
a ser el despertar de esta rabia,
no era mía la evanescencia de pañuelos blancos
rizando la superficie de rabiosas volutas
que ahora me inquietan al caer los años
y entender que igual que llegabas te ibas,
igual que el impulso de la cascada, igual y tanto,
igual que la ribera recibo las gotas de la vida
cuando despierto y miro mi ahora recordando,
igual que el barro rendido a los caprichos de la orilla.

Despertares

Verde nieve, blanca rama, pajarillo ausente.
Comenzamos.
Retorcidas líneas recordando algo coherente
en el discurso del hombre contra el hombre,
pálida rosa de sus orígenes contra el valor
del nuevo día erizado sobre la piel de la noche.

Verde nieve, blanca rama, pajarillo ausente.
Comenzamos.
Bellas formas en formas deshojadas
de la primavera informe que escondes,
caos y orden de tu entraña de amor sin nombre,
fugaces resplandores en el hielo a horcajadas
que la belleza retiene lejos de cortadores de césped
para que no seas únicamente la raíz bajo tierra.

Verde nieve, blanca rama, pajarillo ausente.
Comenzamos.
Signos evidentes de que no te fuiste,
de tus labios rojos en la frontera
de todo cuanto el florecido deseo divide
al salpicar con la memoria sus atardeceres
por todos los campos de tu asilvestrado retiro,
en alguna parte de esas que quedan con delirio
al resguardo del frío sin que la muerte sepa
que fuera de mí, arrinconada en la estepa,
vives callada, somnolienta, mientras yo sólo existo.

Verde nieve, blanca rama, ausente pajarillo.
Tu canto suena al caer del árbol todo el bosque
de tus plegadas alas mientras duermes.
Vacío que me llenas, blanca almohada, verde ocaso.
Comenzamos.

Cómo decir que te amo y no amarte mientras digo…