El hábito de lo extraordinario

Amar, ocaso, ecos encontrados, desconcierto,
contumaces intentos de dar caza
al imparable trasiego de fugaces prodigios,
felicidad estrechando las líneas de las manos,
piel a piel en el reloj de arena y sal,
beso a beso de la promesa en su cumplimiento,
sorbo raudo al lento gozo, verbo al desencanto,
hiedra resistiendo en las fachadas de la vanidad,
cuerpo al cuerpo, voladura, resto al resto:
amar, ocaso, ecos encontrados, desconcierto,
alba en la costumbre de mirar,
alba en la costumbre de existir
como un objeto más de todos los que caen
y al caer se dicen todo lo que pesan.

Transformar las frescas costumbres en gemas
para el gran espectáculo de bellas construcciones,
verbo para quedarse en la boca y en escena,
cópula para traer al pubis sus propias contracciones
y nacer en el ser marmóreo de paso por la urgencia,
verbo para fijarse a tiernas ensoñaciones
y despertar con una frase más de la cadena
que nos ata al muro de poderosas ilusiones.

Amar otra vez: cuidado con pronunciarlo.
No hagamos de la única noche, un hábito.

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