La casa

Eco lento del manantial del tuétano,
indomable flaqueza que erige el torso
de la titubeante jornada del vencejo,
eco lento cuyo chorro suena en lontananza,
sorbo a sorbo, boca a boca y beso a beso,
confirmando el bulo de nuestra leyenda
al pasar el tiempo con sus plumas empapadas
sobre el papel de afectada tinta negra,
llueve con la lluvia encinta del cielo incendiado
y descansamos sobre cómodos perfiles
de correctos toboganes y esponjosos pensamientos.

Eco lento del manantial del tuétano
deslizando su cavernosidad por el cerebro.

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