El adulto lactante

Nada parecía real en este cementerio,
el cielo plomizo abotargaba la certeza,
la tierra parecía cubrir invernaderos
y el anulado gorjeo ensordecía la hierba.

La humanidad se extinguía esta mañana,
los ojos se evitaban, las bocas enmudecían,
los autómatas palidecían de esperanza,
una vela indiscreta alumbraba la mirada sombría.

Padeceríamos para llorar luciérnagas,
nunca espinas de un rosal en la cuneta,
no era ese el plan trazado en la infancia
por la piel ceñida al juego sin fronteras.

Nunca fueron las pequeñas manos pequeñas
por aprender a contar con los dedos las estrellas.

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