Desolación

Son las diez de la noche y no vuelve,
fuera crepitan madejas de yerbajos
a su paso por la fría soledad de los caminos,
nadie es el reino de la calle desarmada,
la corona del tirano levanta sus puntas
hasta clavar su veneno en alas descuidadas,
nadie llama a la puerta, nadie pregunta,
nadie dice, nadie calla, nadie vive aquí,
suena el teléfono y nadie levanta el auricular,
fuera crepitan las nubes al paso de los coches,
la espera se eriza y erosiona el torso,
los párpados caen como persianas
en el hogar adonde nadie regresa,
nadie gana su batalla y son las diez de la noche,
cada jornada martillea la misma hora
y amanece a golpes con el trino y las voces.

La noche devuelve la esperanza.

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