Traslucido

– Es amor.
– ¿El qué?
– No sé…
Pero es amor, está aquí,
en la taxia de una célula,
en la dirección del viento,
en el callejear del aire,
en el peso, en las formas,
en la rigidez de la montaña,
en la oportunidad de la aurora,
en el vientre a punto de nacer,
en la tumba harto de morir,
en el inadvertido batir de olas,
entre las nubes, bajo las alas,
en la densidad de la noche,
en la disolución de mí,
en cualquier lugar,
en las cavidades de existir
tras el ruido de sirenas y motores,
junto al abanico de la mariposa,
en las puntadas de los insectos;
es amor en su escondite,
la causa, la fuente, el secreto,
la pregunta que resiste
a la desolación de la respuesta.
Y está aquí. Lo siento.

En el silencio, porque no quiere mentir.

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Circunloquios

Con la lengua ceñida a la cintura del lenguaje
baila la más deseada criatura,
se mueve en círculo, salpicando en derredor
gotas de saliva inquebrantable
en la sala rectangular de los apetitos,
donde degustan ignorantes y académicos
paso a paso la sabiduría de una piedra al caer
como manzanas del árbol seco,
la medida del alcohol en el gaznate,
el peso de sus cuerpos en la balanza
del conveniente equilibrio de malos y buenos,
la amargura en plato hondo,
la aridez de incómodas verdades
o el devorado engaño todavía entre los dientes,
saboreando hasta elevar el deleite al compás
del encuentro de juramentos y lealtades,
con la lengua ceñida a la cintura del crepúsculo
en el universo plano de sus frases.

La rivalidad

Se cierne en su mausoleo, opípara, redundante,
al resguardo de sus propias defensas;
observa precavida el movimiento,
señala con bordón las barbas del horizonte
cuando el sol sale con el primer temblor
de sus sedimentos bajo la corteza musculada,
se cierne como un rey depuesto ante el vasallaje
de un mediocre reino de pobres batallas,
golpe a golpe en la misma herida,
daño a daño con la misma sangre
de la voluntad contraída por la paradoja:
estar vivo en el seno de la amenaza
de una muerte segura, entre dos enemigos
bajo el mismo fuego de su carnaza;
morir a cada lado de una delgada línea roja
que separa la ignorancia de su discusión,
disparando, combatiendo, razonando,
sintiendo, abreviando la humana víscera
en la humana aspiración a ser más que humana.

Pobres deidades corrompiendo el foso del castillo
que otrora levantara la fuerza del tropismo,
ahora símbolo, ruina, empuñadura de otro siglo.

Ahora, preguntas sin respuesta al galope en nuestros campos.

Cloroformo

Cinco partes de edulcorante,
tres de alucinógenos,
y tres más de estimulante
diluidas en hipocresía soberana.

Se da vueltas con cucharilla de plata
o se agita con nerviosismo,
se bebe a sorbos, con la sed de la saña,
poco a poco se traga y nada se come,
poco a poco parece y sólo suyo parece
y el hambre se adhiere con sus babas,
poco a poco quema y arde el corazón
en la severidad de una cueva intacta.

Cinco partes en endulzada voz
que se arma insidiosa de embuste
y dispara relatos de fervor
hincando las rodillas en el otro,
perorando como momias al sol
la diatriba de vidas honorables
mientras escucha el alcanfor
en el armario de ropas colgadas.

Duermen en azules sábanas,
sueñan con espumillones
junto a la delgada llama
del fuego que esconden,
sueñan entre nubes que se salvan
cuando quema la verdad
tras ese yo bien digo y ellos callan.

Y si no callan caerá el estúpido lingotazo
en el garguero o cinco partes más de azúcar
y tres culpables en el paladar amargo,
tragar, tragar despacio y bailar la rumba.

La escuela de idiotas sigue funcionando,
sale a cuenta mentir con desvergüenza,
nuevas promociones salen cada año.