Detonantes

En la explosión del mundo
los cascotes nos despiertan,
sutiles o burdos poetas
recorren los bordes obtusos
de esquirlas perfectas
o de añejas astillas en bodega,
en la explosión del mundo
fisionadas fórmulas se acercan
y recuperan la ley o su sistema,
una malograda destrucción sin rumbo
traga saliva y se reinventa
en cuerpos de oportuna vestimenta,
en la explosión del mundo
hablamos de amor con la boca pequeña
y los cascotes nos golpean.

Una y otra vez, cada cual se sucede
como la cenefa de una ruina
en la cortina del impostor que descubre,
una y otra vez la casa acogedora tiembla
y los cascotes caen de su derrumbe.

En la explosión del mundo
crecer en una ojiva es más seguro.

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