Y luego qué…

Ordenadas compitiendo con el aire,
puntos glosados, rimas que se enredan
como mirlos en el zarzal, lujuria tras la ventana,
sorbo que sigue a otro sorbo del mismo sabor,
fervor en las manos sueltas, en los codos,
en las uñas, en el sudor, en las babas,
en las rodillas que se clavan con dolor,
despertar que sigue a otro despertar,
barbas que crecen sin plegarias ni admonición,
gritos que redoblan amenazas,
fuerza que acapara la debilidad,
señales que escapan al parpadeo del óleo
en la ignorancia de sombríos bodegones,
ardores, frenesí, temor de imaginarias garras,
impaciencia de demorados rincones
agolpándose en la puerta de la calle,
locura en sus cauces desatada
mientras convive con el curso de vagas razones,
figuras que bailan y beben hasta caer de bruces,
entes superiores que emergen de profundas
charcas en el interior de espiritosas copas,
hombres y mujeres que al llegar la noche
saltan como inesperadas ranas
y se unen a la velocidad hacia cualquier nenúfar.

Después de tanto sangrar llegan a sus arterias.
Y luego, qué…
Volvemos a empezar como peonzas de su látigo.

Y luego nada.

Anuncios