La norma

Los comienzos son difíciles, los comienzos son confusos,
parece que perdemos, nos alejamos,
nos atrapa la pereza, la apatía, nos atrapa en su adherencia
y sentimos el peso de la nada como una piel gruesa
recobrando cada músculo, cada gesto al recobrar el aire
que nos deja la pringue del hombre o la mujer que somos,
parece que nos vamos, nos echan,
las sirenas suenan en la calle como una amenaza
en la cavidad nasal de la premura
que reposa encadenada en densos calabozos,
los comienzos nos persiguen con una bata blanca
por la arboleda que esconde a los locos,
y nadie nos cree, ni siquiera nosotros,
estamos hechos de residuos de cordura,
los comienzos son utópicos entre camaleones,
son resbaladizos porque no nos pertenecen,
nos visten, nos señalan, nos dirigen a sus focos,
nos colorean, nos silencian con sus lenguas pegajosas,
cuando quieres gritar ‘soy yo’ otros te dicen ‘tú eres’,
y dudamos hasta dejarnos caer en el pegamento
del deber y sus deudores, de todo lo que nos corrige,
por si acaso alguna vez fuéramos hombres o mujeres libres.

Parece que nos vamos, nos alejan… ¿De dónde?
Esto debe animarnos a continuar.

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