El reencuentro

Sinceramente: no sé si te esperaba.

Si los días me contaban en el ábaco,
si mi tiempo no era mío sino tuyo,
y la arrogancia me hacía desaparecer
en la memoria al recordar
cada una de las suturas de la herida,
al querer amar a la desesperada
tu silencio, o tu falta, o tus desplantes
en la asombrosa imaginación de la nada
que te justificaba en el eje de mi vida.

Qué extraña fuerza maquinas sin saberlo,
que te encuentro a mi pesar
en perfectas y monocordes despedidas
de mis soledades como otra soledad más
que vibrante se une a la mía,
y juntos somos y no somos a la par,
y juntos nacemos y morimos
como si hubiéramos existido alguna vez,
y alguna otra vez volviéramos a existir
en alguna parte de algún tiempo por venir
de todas con las que achicamos el universo
desde que creo reconocer en tu sonrisa
la inseparable expresión de un reencuentro.

Intento ser racional. Y no puedo.
Solamente hablo para ser la boca de un sueño.

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