El intercambio

Déjame amarte sin pedirte perdón,
con derecho a ser el aval de tus ojos
cada vez que pierdan la agudeza
del primer avistamiento,
cuando nos conocimos a mil años
de distancia entre los dos,
déjame pagarte cuando encuentres
a esta transacción su justo precio,
y no decaigas al saber que ningún dios
interpuso tus labios en los míos,
sino las leyes de hombres y mujeres
que dirigen su sangre al mejor corazón.

Déjame amarte sin pedirte perdón,
porque llevo de ti el daño reparado,
bienes más que suficientes
para saldar cualquier deuda
de esto nuestro que acordamos
y otros llaman inútilmente amor.

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