Día: 16 marzo, 2019

La trampa de las casualidades

Resulta que ya te tuve cerca.
Que sonabas a través de mis paredes,
como una dulce cita
con la fortuna adelantada de la voz
que describía tu cara, en el papel
donde te escribo
desde que aprendí a crear de la nada,
y de la nada, el amor sería su mejor obra.

Resulta que ya te oía, y casi te veía,
que podíamos mirarnos
sin que tus ojos sospecharan de los míos,
y no sabes cuántas veces
me hiciste sonreír al inventar tu sonrisa,
ni tantas otras enlazar tu mano
con la historia de la mía, amándote
en silencio desde que el sol
me obligó a protegerme de sus rayos,
desde que tuve miedo a pisar
sin borrar cada una de las pisadas
que me hicieron tuya, aunque doliera.

Resulta que creo amarte. Así, de pronto.
Sin saber de qué me llegas,
sin saber por qué me atrapas,
tan solo conociendo la indiscreción
de una puerta entreabierta
por la que presentaste la grácil muestra
de toda tu belleza repentina,
la cualidad imantada de los secretos
que equiparan todo a tu sonrisa,
un poder ya visto en el hallazgo sonoro
que guarda a buen recaudo
toda la melancolía de las imágenes vistas
desde la opacidad de lo inexplicable,
cuando te oía y tu voz degradada
en mosaicos de esperanza y paz prohibida
te pintaban a las puertas de este hombre,
hecho de ti, sin saber si fue por ti o por nada.

Resulta que creo amarte, y engrandeces la fe
después de verte con el mismo rostro
que anunciaba tu voz delicada a través
de las paredes de la delicada estancia del amor.

Resulta que creo amarte.
Así, de pronto.
Igual que se gana y se pierde
en la ruleta de un tramposo.

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