La inquietante paradoja

Qué curiosa es la vida. Extraña en sus atribuciones,
a veces generosas, a veces enfrentadas,
nos lleva de la mano mientras aprendemos
a contar con los dedos nuestros años,
nos arrastra cuando no sabemos la lección
y no acompaña al crecimiento de los huesos
la altura de sus aspirantes huérfanos.

Encoge el hígado y transforma los humores
en un flujo viscoso, difícil, arriesgado,
que impulsa nuestros órganos a través
de un cimiento blando, y crecemos como calzadas
sobre las que pisamos, o como ese rascacielos
desde el cual caeremos por miedo a mirar abajo.

Qué curiosa es la vida. Que nos da el aliento
para seguir hasta la muerte,
muerte que nos une, muerte que se hace adulta
y complica nuestras fórmulas de estudiantes
en sus aulas, tumba abierta desde que jugábamos
a dispararnos en la nuca, cuando no era la nuestra
y las armas eran las instrucciones del juego.

Qué curiosa la vida, que no dura lo suficiente
y no parece terminar nunca.

Anuncios