Impedancia

Fuerza, fuerza misma, de donde venga,
de la genuina debilidad
que nos inflige el daño severo
y martiriza nuestra resistencia,
ahí te quiero, fuerza; de ese néctar
que nos vuelve dóciles al dolor
y en dolor arreglamos cuentas
con la decadencia, y avanzamos exigentes
a esa imposible nada de la vida
que baña y limpia nuestra suciedad.

Fuerza de la gravedad que opera
en nuestra masa y aguanta sobre el suelo
la insoportable levedad a la que aspira:
fuerza, inevitable ola que me lleva,
fuerza que me atrae y me repele,
océano crispado que saborea la dulzura
de levantar con saña la herida
hasta la natural idiosincrasia de sus perfecciones.

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