En el puente

Has pasado por su vientre,
a destellos de barrotes de metal
por las frías barandillas de la aurora;
has pasado, como un duende
sobre el macizo suelo que acoge
la falsa huella del pedestal
con el que sueñas a deshoras,
por la vía justa, adherida al tiempo
que la estrecha con sus juicios y condenas.

Has pasado inevitable por la garganta
que frecuenta la lucha encarnizada
del delirio y la cruda montaña,
con tus machos y tus hembras,
con tus jueces y bastardos,
removiendo los flagelos con dureza
entre los extremos del bien y del mal
que te endurecen,
has pasado por tu criba como arena
que levanta con el agua
la sombría silueta sobre el puente.

Y no quieres llegar a tus límites;
pero llegas, y te apartas con espanto
de las ávidas lenguas que te nombran
y te devuelven taciturno a la pasarela.

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