Ibídem

Por más que creo consumar mi lejanía
de la polvareda, devolver su escombro
a la firmeza de ese instante preterido
de la existencia, ser con ese impulso
del parto en la entraña,
llaga que hoy estrecha el cerco de mis daños
y en dolor escapo a otra herida postergada,
no veo signo alguno del final
de la melancolía que me arrastra
como un yerbajo de mí calzado,
y más siento que soy el lugar
de todos los lugares, el impertérrito
viaje que resiste la devastación del peregrino
en el camino que no cesa por el cansancio.

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