La compasión del sí-mismo.

Espero a que nadie pueda resurgir
del vaho de mi llanto contenido,
donde nadie pise y la superficie del suelo
ahonde en mi extensión, suspendido
del cable masculino que pende del techo,
articulado en mi soledad de viejo teatro
de marionetas, arrinconado en el desván
que yace moribundo y nadie vela.

Espero a dirigirme a mí por referencias,
desdibujado, descartado de cualquier exploración,
tan sólo ser testigo a través de mí de la caída
del mundo, aprisionado en sus escombros;
ver el polvo desvanecerse con el agua en regueros
de barro sobre el canto y la teja azulada
en que la ruina convirtió la cobertura celeste.

Espero ser el cauce digno de mi muerte
y hacerme con la vida cuando pierde.

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