MEDITACIÓN Nº 30

Oracion

Vivir y morir pertenece al capricho abrupto de nuestra desolación.
Vivir y morir pertenece al curso de la utilidad de cada una de las moradas en que aprehendemos nuestros delirios, apegos y necesidades.
Vivir y morir obedece a la ilusión de las formas, el contenido únicamente comprende la presencia y la evolución de la presencia en la diversidad de lo contingente.
Vivir y morir no es diferente a nacer y envejecer, o a enamorarse y desengañarse, o a reír y penar, o a perder y ganar.
Vivir y morir son las dos caras del apego a los contrarios por el que discurre nuestra confrontación con el todo en favor de la individualidad.
Vivir y morir son las paredes de la celda contra las que cuestionamos el valor de ser, inmanente a nuestra naturaleza, cuando pensamos que ser es lo que ocurre y no lo que es, como el agua en la mar revuelta o como el agua en la mar en calma, y no como el velero que la surca, como la cita con las estaciones y no como la hoja en su rama.

MEDITACION Nº 29

Oracion

Somos, al fin, lo que hemos ocultado a la memoria y la memoria no nos encuentra. Somos lo que hemos desvelado y el coraje nos espera.

Podremos recordar aquello que hemos hecho nuestro, nunca aquello que nos hizo suyo; podremos avanzar en aquello para lo que todavía somos el destello de lo que fuimos porque el acto de ser no tiene memoria ni conoce límites. Las emociones son nuestros mentores.

MEDITACIÓN Nº 28

Oracion

Buscar es la acción que obedece a la ruta marcada de nuestro inconsciente. La propia naturaleza del flujo mental nos impele a la búsqueda y la búsqueda nos conduce al caos revelador, a la colisión de nuestros conflictos, al límite por el cual identificamos lo concreto y en lo concreto la insatisfacción de ese corto recorrido que nos devuelve a la búsqueda.

Buscar es el verbo silente de la inquietud, el mandato subterráneo que orienta nuestras decisiones. Es el maestro ciego que espolea con su bastón nuestra voluntad de llegar.

Desde el origen, hemos sabido del nacimiento y la muerte como las divisorias inherentes a la existencia, y nuestro pensamiento acabó siendo modulado por la contradicción de buscar límites para definir entidades permanentes. Todo lo que existe debe existir por estar sujeto a un principio y a un fin.

El hombre moderno pasa su vida definiéndose, apuntalando sus valores, su carácter, promocionando y defendiendo una imagen – sorteándose la mayoría de las veces -, reivindicando una visión de sí mismo interesante e interesada. En definitiva, creando un objeto de su presencia, el modelo o referencia a seguir, la aparente solidez en contraposición a lo fluido, porque la percepción de lo sólido proporciona la validez psíquica de algo duradero para engarzarse en la secuencia temporal de un continuo sin fin.

Establecemos una imagen en calidad de concepto dentro del variado repertorio de las vanidades, y, a la par vivimos como si nunca fuéramos a morir. Este modo de pensar es una fuente interminable de conflicto porque no podemos habitar lo finito y lo infinito al mismo tiempo. Pretender ser un concepto inalterable es precisamente confinar la existencia en las dimensiones de una caja, y esto choca con nuestra íntima y arrogante interpretación de una vida sin tope.

El camino sigue aunque no exista pasarela. El mundo no acaba frente a la pared de una montaña ni se pierde en la hondura de los bosques ni se detiene ante el vértigo de un rascacielos. El agua lo sabe y atraviesa de un lado a otros todas esas barreras. ¿Adónde queremos llegar entonces si en la definición subyace la inmovilidad? Y, ¿adónde queremos ir si ni siquiera lo sabemos y nos empeñamos en teatralizar o ritualizar nuestra terquedad para imponer un viso de perpetuidad a lo efímero?

No somos nuestra meta sino el curso de lo que somos.

MEDITACIÓN Nº 27

Oracion

No existe principio ni fin. Ninguna realidad puede surgir de la nada y, si no existe una nada tampoco puede concebirse un fin donde la totalidad de algo se extinga.

No existiendo principio ni fin no debe existir parte alguna independiente de otra. De lo contrario, tendríamos que admitir la existencia de algo separado del resto de las realidades que conforman el espacio existencial, una realidad delimitada, con un principio y un fin, la antinomia de una realidad hecha de algo y de nada. No puede ocurrir una realidad que exista y no exista, por lo tanto, no cabe admitir la existencia independiente.

En algún extremo sutil a nuestra percepción y métodos de observación debe existir un continuo cuya naturaleza sea la relación dinámica entre todas las posibilidades de existencia. Este binomio causa y efecto es el dios impersonal que hace posible la eternidad en el tránsito de la evolución.

La interdependencia es la fuente de la vida. Nada existe independientemente: la materia sabe de la existencia de la mente a través de su relación con la percepción. Del mismo modo, un árbol no sería un árbol sin la tierra donde se asienta o el cielo bajo el cual se yergue, aunque no formen parte de su naturaleza privativa. Aquí me pregunto si lo material puede interactuar con lo no material y creo que tales categorías son errores de nuestra mente convencional; la realidad es una en su relación con el todo y, por tanto, las diferentes complejidades en sus formas de expresión deben compartir una naturaleza primordial para que la interdependencia pueda darse.

Creo en el poeta que creó la hierba al olerla y recordar su color en los primeros juegos al aire libre.

Nada es ajeno a la conciencia y su movimiento es la voluntad. Creo que el hombre no existió antes de que existiera la voluntad.

¿Por qué la voluntad es una cualidad humana si el cosmos al que pertenecemos está sujeto a leyes y axiomas? ¿No es posible que la voluntad sea el resultado de leyes que rigen la vinculación de nuestras decisiones con la causa oculta de una mente relegada al ámbito del subconsciente? ¿No es el mismo subconsciente la cara oculta de nuestra mente que esconde el compromiso reprimido con las causas pendientes de acciones pasadas?

Porque no hay aniquilación sino transformación, no podemos apagarnos en la nada inexistente ni podemos escapar a nuestras propias causas.
¿No será Dios el bagaje pendiente de un universo en continua expansión al que pretendemos llamar realidad?

Tal vez, ese ente omnipotente que nos ha salvaguardado de la nada frente a la muerte no sea sino ese entramado de causas sin cesación que persigue la realización de nuestros sueños. Quizá existir sea eso: soñar, y no lo sabemos.

MEDITACIÓN Nº 25

Oracion

Alguien pregunta quién soy. Esa pregunta esconde la intención de negarme y reemplazar mi identidad por su respuesta. La formulación de la pregunta es contradictoria, salvo que lo que diga ser sea diferente a lo que realmente soy; si la pregunta pretende el ser, sobra preguntar quién, salvo que aceptemos el juego semántico de suplantar la identidad, salvo que el acto de ser venga acompañado de la carga interpretativa del otro.

Soy.

Igual que el agua en un vaso es agua y no el agua del vaso.

Muchos ni siquiera advierten el agua en su interior y emplean el tiempo en recrear los sentidos decorando el vidrio de mil maneras, hasta que se rompe.

Otros, sabiendo que su interior no está vacío, creerán que les pertenece, pero el agua y el vaso no llegaron juntos ni la naturaleza del agua es la naturaleza del vaso.

Y, algunos otros, pensarán que son el vacío del agua que no pertenece al vaso y el vacío del vaso que no pertenece al agua.

Ahora.

MEDITACIÓN Nº 23

Oracion

La mente, en la aspereza de su ignorancia, es una entidad doctrinaria que sigue las directrices de otra mente, y ésta a su vez de la anterior que la precede, y así sucesivamente, en el continuo mental que únicamente las diferentes formas de rechazo perciben como entes separados de cada individualidad.

Cuando percibo la mente que sostiene y orienta mi pensamiento, e incluso la mente que la alecciona en lo más recóndito del silencio, comprendo que nunca podré encontrar una definición de mí mismo, porque soy la causa. El individuo es un accidente más en la secuencia de eventos que se suceden, algo meramente circunstancial que apunta a un recorrido y no a una foto fija.

Al igual que el universo del que forma parte accidental, la mente busca su máxima entropía, su expansión en un mosaico infinito de formas de expresión para sortear la dualidad sujeto-objeto en la que podría detenerse en el marco de una definición, atrapada en el flujo del lenguaje.

La mente sobrevive al objeto mediante el concepto que trasciende, pero el concepto no forma parte de la mente, de igual modo que el leño y las rocas que obstaculizan el curso de un río no forman parte de éste.

La realidad que percibimos como tal no es diferente a la ilusión que percibimos como realidad.

Como propone el principio de incertidumbre de Heisenberg, la realidad que atribuimos al objeto observado es el modo en que se expresa al interaccionar con los métodos de investigación, la observación modifica lo observado, y, en último término, la percepción depende de la mente que lo percibe. Esto sólo es posible si la mente no se identifica con la percepción, pues en caso contrario no cabría diferencia alguna y la realidad sería tal como se muestra.

La realidad es causa necesaria.

La quietud nos lleva a reconocer la causa, como la de todo movimiento.

MEDITACIÓN Nº 22

Oracion

El dolor siempre tiene efecto rebote. Si dejamos de oponer resistencia al golpe recibido, tal como llegó se irá, con la exigencia de una serena quietud en la que descansa, como una pausa en la febril corriente de nuestros anhelos, la respuesta evitada, el sentido de lo inevitable, la esperanza recobrada.

Para ser feliz, hay que dejar de serlo. Jugar con la vida y la muerte como si hubiéramos nacido hace cinco minutos. Resistirse al sufrimiento es sumarse al sufrimiento, y hacerse suyo.

El sufrimiento juega contigo al escondite, y tú no lo sabes. La ignorancia cuenta diez y no encuentra a nadie, aparte de lo que cuentan de ti.

MEDITACIÓN Nº 21

Oracion

Como quien imagina la mañana contemplando las gotas de rocío dejándose caer o secar en la hojas frescas e intuye en ellas el despertar de los penachos en remolones matices ocres y verdes sobre las lomas del campo, y cree verse recorriendo sus pendientes, descansando en sus planicies, o planeando como las aves que ascienden y descienden sin perder altura o emiten sonidos semejantes a un azul titilante que hiciera sonar el melancólico desvanecer de los cirros, y aspira a ser todo eso en el canto de un martillo y le pone nombre, la ilusión es el fracaso del alba. Es mentira.