La oruga de la mariposa

Por alguna razón escondida en la frondosidad de tu presencia,
por alguna tímida razón que elude su deber en este marasmo,
por alguna razón insostenible de esas que ahuyentas
y yo recojo en la morada emergente de los muros que abrazo,
por alguna razón inquebrantable que nos despierta
en cada sueño prohibido, en cada despiste del guardián enamorado;
por alguna primorosa razón el torrente de la vida nos acerca
mientras enjugamos nuestras lágrimas con finos y ásperos paños,
y seguimos jugando en patios de colegio a ser la fuerza que nos lleva
sin saberlo al tiempo inesperado de confesar que nos amamos.

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La destreza

Se acercó a mí, oculta bajo el cuero de mi raciocinio,
cortando la oscuridad a pinceladas de una lámpara,
en salvajes trazos, sin piedad desde el rincón proscrito
donde convergían el laudo del borde de la cama
y la mesita de tez pálida, ambos nos hicimos sitio
entre millones de solitarias horas sin su audacia.

Sigilosa entre los restos de mí como uno más,
ardiente todavía en las brasas de mi cautiverio,
la deseaba en los goznes de puertas y ventanas,
en el herraje de pulsos, aromas y epitelios.

Y se acerco a mí, violenta, con el chorro de una fuente
sobre la boca agrietada y el pecho descubierto,
y ahora soy la roca horadada que traspasa su muerte.

Cómo olvidar ese caudal de imágenes que cada día vierte
bajo la espuma de lo que fuimos, cómo olvidar el mar.

Las olas

Es así que el color de la amapola
hace olvidar su elegante forma,
es así que el eco de la dulzura verbal
zumba en el panal de nuestra gravedad,
es así que la ternura del cordero
ensordece la enjuta sonoridad del cencerro.

Es así que la piel se eriza en otra piel,
hasta tocar con sus puntas el día después
del tiempo transformado en el curso infalible
de todo lo que amamos sin aceptar límites.

Es así que la extensión del mar
se hace ver y oír entre los veleros en tierra,
mientras dominamos el horizonte
con la nostalgia de la travesía incompleta.

Es así que suena la música
con las puertas que abren y cierran,
y el público aplaude en platea
la obra enriquecida con rúbricas
de un sinfín de lágrimas en una sola escena.

Es así que llegamos jugando con la muerte
entre combas, desamores y pistolas de plástico,
y nos vamos como héroes jugando con la vida
entre rastros de ceniza y juguetes falsos.

Es así que todo llega y todo escapa empapándose
con el perfil embriagado de la sencillez del océano,
mientras empuja el viento, y empuja entre los árboles
gotas en el bosque de corteza arrancada con el llanto.

Es así que el amor cursa con la noche sobre el mar.

La perfecta conjura

Soy ese ferviente admirador
que espera en el lunático escondite
la sombría silueta del cautivador
estremecimiento al verte,
los pliegues de tu regio esplendor
en las telas que envuelven
la egoísta desnudez de mi interior,
las formas caprichosas de la suerte
reflejarse en los ojos del pudor
con la fuerza del amor ausente
y presente en la melancolía del adiós,
soy el desamparado amor reflejándote
en la inexcusable conspiración
del deseo con los caprichos de lo imposible.

Epigénesis

A lanzadas de peregrinas trayectorias,
la luz del sol incide como afiladas esporas
en las minúsculas formas de la noria;
a lanzadas de astas rotas
bajo la torva gracia de la historia,
cada cuerpo nombrado en la derrota
se levanta recortado contra la victoria,
como una lengua más de las sombras,
artera y escarmentada de la euforia.

A lanzadas el sol se levanta y se pone
con el radio de una rueda
endurecido en las roderas del hombre,
siempre presto a repetir la prueba
en el mismo punto al que nos lleva el eje.

A lanzadas se hiende el mismo orbe,
donde se abre camino el plan oculto
mientras aprendemos del corte,
y la sangre nos aparta del mundo
para ser testigos del germen
al calor del testimonio mudo
que nace entre la vida y la muerte.

A lanzadas somos parte del filo
y el dolor nos empuja a creer lo contrario.

En els nostres cors

Bajo las ruedas la tarde de los gritos,
bajo las ruedas el lecho de la muerte,
bajo las ruedas la estela sangrienta
que empapará los pinceles
de la oscuridad de sus cuevas,
a la trémula luz del fuego hecho
con los travesaños caídos
de la mirada cautiva con desprecio.

Odio que se mira a sí mismo.
Odio ciego tanteando con el filo del bastón
la carne abierta en el asfalto de su objetivo.

Bajo las ruedas delirios de cruzada,
la inocencia hecha añicos,
bajo las ruedas la caza milenaria
recuperando el tiempo perdido,
el rastro pretérito regurgitando rabia
desde la garganta de los siglos,
bípedos con la piel de alimañas
tras las barbas de sus vómitos,
odio sacro en paraísos de matanza.

Bajo las ruedas, también la vida resurgiendo de esperanza,
la muerte imposible en las bocas del tiempo que no cesa
y continúa en el vientre de paraísos recobrados cada jornada.

Nunca sabrán cómo lo conseguimos.

En memoria de las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils.