Inmerso

Detenido en tus fuentes de coral
bajo el chorro dulce del silencio,
detenido en tus profundidades
con el agua contra el pecho.

Detenido en candorosas sinuosidades,
mientras arrimo la boca del tiempo
a la inundación de la garganta
que me ahoga o me prefiere sediento.

Detenido en estos obstinados versos,
en las palabras que sumerjo
si no puedo decirte a flote que te quiero.

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Ojos grandes que me pierden

Ojos que me vieron y no pueden verme,
ojos grandes que vinieron
con su blanca falta a envolverme,
ojos insondables que se fueron,
ojos que a mí se adhieren
como el solitario eco
de una dudosa suerte
al grito de su nombre en mis sueños,
ojos de mi vida y de mi muerte
en la osadía de sus frágiles intentos.

Ojos en los míos que me pueden,
ojos grandes que no olvido
y me llevan a un punto de su eje
donde soy imperceptible y fortuito,
ojos grandes de mis redondeces,
ojos de un adiós torpe e insumiso
que el amor sobrevenido ensordece,
ojos grandes en un ajustado resquicio,
ojos que me vieron y me duelen.

¿Cuándo volverán esos ojos a verme?

Tonto es el que hace tonterías

No es más listo o más lista quien mejor engaña,
quien mejor engaña es la honda mentira
y mentirosos son los tentáculos de sus larvas,
alojadas en el parecido al que juegan las letrinas
cuando dicen amar y con esfuerzo aman,
cuando dicen vivir y pronuncian con infamia la vida.

No es más listo o más lista quien mejor engaña:
es la máscara de su agonía, la plenitud ficticia,
es la presa fácil en el reflejo de sus trampas,
es la farsa que dice ser cuando hace tonterías.

Qué lástima. Hasta la belleza engaña.
Y ahora, después de tanto ¿qué nos queda?
Un mundo que gira contra el alba,
un náufrago de este barco en la soledad más sincera.

Qué la risa te dure hasta que mueras,
luego no cabrá artimaña alguna en tus engaños,
sentirás el desamparo de una gélida certeza,
la vida absurda despoblando sus baldíos campos.

Vivir era otra cosa ¿no te lo contaron?

Conciencia

Alguien rompe los cordeles que nos atan,
los nudos observan la parada del brazo ejecutor
con la irónica mueca del destino entre sus dientes,
alguien busca la tijera bajo la almohada
y acomoda el filo al corte imperceptible
mientras los nudos callan su lengua anudada,
y vaticinan eras empedradas de frío suelo bajo la experiencia,
cruda encrucijada de horrísonas dudas
que nos condenan o nos liberan, y siempre nos amordazan.

Alguien rompe los cordeles que nos atan,
alguien rompe las febriles complacencias de seculares trampas.

Contaminación

Grita si pudieras con la furia del cazador
que el hipotálamo preserva si volvieras
a ser el portador de pieles sobre tus hombros,
la lanza sostenida en la vertical de la supervivencia,
la sangre fuera de ti esparciendo tu valor
por la tierra póstuma del mundo que perdemos
bajo la tiranía del banal acero sobre ruedas,
el mundo que carcome el aire con el sudor
de las fiebres en las cuentas del financiero,
ese que carcome el aire de maderas muertas,
que escapa por los tubos que apuntan al firmamento
como si las estrellas fueran anomalías del hollín.

Grita si pudieras con la furia del nómada
que dejará la chaqueta colgada en el perchero
para comprar oxígeno en el mercado negro,
en alguna gruta, en alguna cueva,
en la parte más profunda del cerebro
donde siguen las flechas silbando al hambre
y al dolor refugiándose en la carne.

Embarcados

Háblame de mí…
Ni una palabra.
Al final nos vamos,
nos vamos…
Ni una palabra.
La ausencia de réplica
parece el camino
hacia donde nos llevas,
a ninguna palabra,
porque al final nos vamos,
nos vamos…

Negra luz

Por donde corre el agua fétida
de las cloacas,
por las cuestas aguerridas
de nuestros descuidados callejones,
por donde tratamos de evitarnos
y convivirnos con la excusa de estar vivos,
en el fondo de ese charco
donde no queremos reflejarnos,
por donde corríamos de niños
con el mal tras nuestro rastro,
en esa masa corrompida y consanguínea
que retoza en el estómago
del animal que somos y negamos de rodillas,
ahí nos vamos, ahí nos vemos tarde o temprano.

Traslucido

– Es amor.
– ¿El qué?
– No sé…
Pero es amor, está aquí,
en la taxia de una célula,
en la dirección del viento,
en el callejear del aire,
en el peso, en las formas,
en la rigidez de la montaña,
en la oportunidad de la aurora,
en el vientre a punto de nacer,
en la tumba harto de morir,
en el inadvertido batir de olas,
entre las nubes, bajo las alas,
en la densidad de la noche,
en la disolución de mí,
en cualquier lugar,
en las cavidades de existir
tras el ruido de sirenas y motores,
junto al abanico de la mariposa,
en las puntadas de los insectos;
es amor en su escondite,
la causa, la fuente, el secreto,
la pregunta que resiste
a la desolación de la respuesta.
Y está aquí. Lo siento.

En el silencio, porque no quiere mentir.

Circunloquios

Con la lengua ceñida a la cintura del lenguaje
baila la más deseada criatura,
se mueve en círculo, salpicando en derredor
gotas de saliva inquebrantable
en la sala rectangular de los apetitos,
donde degustan ignorantes y académicos
paso a paso la sabiduría de una piedra al caer
como manzanas del árbol seco,
la medida del alcohol en el gaznate,
el peso de sus cuerpos en la balanza
del conveniente equilibrio de malos y buenos,
la amargura en plato hondo,
la aridez de incómodas verdades
o el devorado engaño todavía entre los dientes,
saboreando hasta elevar el deleite al compás
del encuentro de juramentos y lealtades,
con la lengua ceñida a la cintura del crepúsculo
en el universo plano de sus frases.